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Monasterio de Irache

Monasterio de Irache

El Monasterio de Irache está en pleno Camino de Santiago a su paso por Navarra.

A lo largo de la historia el monasterio ha cumplido diversas funciones. Fue hospital de peregrinos, universidad, hospital de guerra y colegio de religiosos. Los benedictinos comenzaron a construir el Monasterio en la segunda mitad del siglo XI sobre otro anterior del siglo VIII. Tuvo su máximo esplendor entre los años 1056 y 1099 cuando San Veremundo fue abad del monasterio.

 

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Actualmente está rodeado de viñedos y la Fuente del Vino. Fuente que ofrece un buen trago para saciar la sed y alegrar el camino a los peregrinos. El monasterio de Irache es una inmensa mole de edificaciones medievales, renacentistas y barrocas. El 10 de Octubre se realizó una visita teatralizada del lugar. Los personajes de diferentes epocas cobraron vida y nos hicieron reír con sus ocurrencias y vivencias. El recorrido por la iglesia románica (s. XII), el claustro plateresco, la torre de estilo herreriano y otras dependencias construidas entre los siglos XVI-XIX. Es una buena visita después del buen trago y antes de seguir caminando.

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San Veremundo fue hombre del Camino de Santiago,  cofundador del primer hospital de peregrinos en Navarra que estaba ubicado en el Monasterio de Irache.

Formó parte del monasterio desde los doce años como portero. Su alma buena y caritativa hacía que ayudara generosamente a todo el que llamaba a la puerta. Hay muchas leyendas sobre él, una de ellas cuenta que en cierta ocasión, fue sorprendido por el abad cargando escondida bajo su hábito una gran cantidad de comida. Veremundo era un muchacho despierto y de inmediato  le dijo que llevaba leña con la que calentar a los peregrinos que habían llegado cansados. Pero el abad quiso ver esa leña sospechosa que cargaba el joven Veremundo. Él no se preocupó de ser pillado, simplemente dejó  caer lo que llevaba ya que sorprendentemente se había convertido en leña.

Cuenta otra leyenda de cuando San Veremundo era abad de Irache, que le llegó un grupo de peregrinos. Al preguntarles de dónde venían y qué habían visto por el camino, no supieron contestar, ya que no se habían fijado en nada de lo que habían visto. Veremundo, dolido por tanta indiferencia hacia las maravillas que Dios había creado, exclamó diciendo “¡Veré mundo!”. Los peregrinos se convirtieron en molinos de viento, condenados a girar continuamente sin llegar a ningún sitio y no cambiar de punto de vista.

Paseando por las diferentes dependencias puede uno llegar a imaginar todo aquello que esas paredes han vivido.

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