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Peregrina de Septiembre

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UN NUEVO CAMINO QUE EMPIEZA

Nací en Ferrol, ciudad gallega de donde parte el Camino de Santiago Inglés, por lo que mi vida, en mayor o menor medida, siempre ha estado relacionada con el Camino de Santiago. Muchas veces hablamos de intentarlo pero por diversas circunstancias nunca llegaba a materializarse. De hecho, mi viaje comienza no tanto por mí como por cumplir el deseo de mi hermana; sin poder imaginarme en aquel entonces que se convertiría en el viaje de mi vida…

Es difícil expresar con palabras tantas imágenes y sonidos guardados en mi memoria: un atardecer, un campo de girasoles, el ruido de los bastones en el suelo, los timbres de las bicicletas anunciando su llegada, el ruido del agua cayendo por las pequeñas cascadas, los silencios compartidos…

Aunque, sin duda, me resulta casi imposible poder plasmar en pocas palabras la cantidad de emociones y sentimientos vividos: el cansancio, las lágrimas, muchas risas, un abrazo que sale del corazón, el sonido de una gaita en la Plaza del Obradoiro que te estremece…

El Camino de Santiago es duro y agotador, no os voy a engañar. Estás cansado, sin dormir y solo piensas en el dolor de pies tan grande que tienes….y sin embargo, ni por un momento te planteas abandonar y volverte a tu casa.

Pero el Camino de Santiago también es amistad, es compañerismo, es la generosidad en estado puro, es la bondad del ser humano, el afán de superación, del no rendirte jamás, de llegar a la cima de la montaña y sentir que nada ni nadie te volverá a hacer caer.

He conocido personas que han iniciado su camino solos desde diferentes partes del mundo y que en pocos días se han convertido en una familia que se mantendrá unida de por vida aunque nunca más se vuelvan a ver, porque durante esos días, TODOS SOMOS IGUALES sin importar cuestiones ideológicas, religiosas o culturales. Allí todos estamos igual de agotados y todos sufrimos igual al subir las mismas cuestas.

Y es ahí, en ese momento, cuando descubres lo que es en verdad el Camino de Santiago:

–  Cuando un peregrino que no conoces de nada te ofrece su agua, quizás más necesaria para el que para ti; y te espera; y te dice que pase lo que pase llegareis al final de la etapa.

–  Cuando te sientes un poco “avergonzado” de la cantidad de veces que a lo largo del día decimos “ no puedo”; y ves que a tu lado camina una persona de 70 años que lleva un mes con una mochila de 15 kg a sus espaldas.

–  Cuando en los peores momentos siempre recibes una palabra de apoyo, un “ venga que ya llegas”, o un “aguanta el arreón” que te da las fuerzas necesarias para poder continuar.

–  Cuando derramas tus lágrimas sobre el hombro de una persona que conoces de dos días y a la que le abres tu corazón para contarle lo que nunca le has dicho a tu amigo más íntimo.

Y así, día tras día y pasito a pasito, vas haciendo kilómetros hasta que una mañana te encuentras en la Plaza del Obradoiro, delante de la fachada de la Catedral, embargada por la emoción de haber conseguido llegar porque en lo más profundo de tu corazón sabes que no es el final si no que empiezas un nuevo camino: UNA NUEVA VIDA, donde ya no hay pesadas mochilas sobre tus espaldas, donde no te rindes, donde la palabra “no puedo” ya no existe, donde todos somos iguales y donde la amistad no se valora por los años que hayan transcurrido si no por el que te acompaña en tus malos momentos, el que te escucha y te comprende.

Ahora ya de vuelta a casa, he comprendido que el Camino de Santiago te da fuerza, te da luz, te regenera, pone tu mundo diario patas arriba…… ¿ O es que era tu mundo el que estaba patas arriba y no te dabas cuenta? ¿Es el Camino el que te descubre como son las cosas realmente? ¿ De dónde emana esa fuerza para que a todos les engancha tanto?

Dejo estas preguntas en el aire con la esperanza de que algún día todos podáis encontrar vuestras respuestas por que yo, definitivamente, encontré las mías.

Buen Camino Peregrinos ¡!!!

Marta

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